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El Niño Jesús, Santa… ¿de verdad no existen?

Hoy vengo a compartir sobre la «mentira» en torno a los regalos… Cabe la pregunta ¿será una tradición irrespetuosa en tiempos en donde se habla tanto de crianza respetuosa?

He leído en varias ocasiones sobre el dilema de la “mentira” detrás del tema de los regalos navideños en nombre de Santa, el Niño Jesús, los Reyes, etc… y cómo algunos padres optan por no mentir a sus hijos. Lo cuál me parece fabuloso y también me ha invitado a pensar sobre mi experiencia y mi mirada en torno a ello.

No comparto verdades absolutas en mis escritos porque no creo en ellas. Todos estamos viendo el mundo desde nuestro lente personal y experiencias… por lo que me atrevo a compartir por aquí mis sentimientos y vivencias develando el secreto a mis nenas cuando tenían unos 9-10 años aproximadamente cada una.

Claro que no puedo llegar a ese momento específico de sus historias sin dar referencia. primero, de mis sentimientos acerca de la navidad.

La navidad, para mí, siempre ha sido una época llena de amor e ilusión porque mis padres y tíos se encargaron de sembrar en mi corazón memorias de conexión… ¡Y vaya que lo lograron!

Recuerdo el momento de esperar los regalos siendo niña: nos sacaban al patio a mirar el cielo a ver si “pillábamos” al niño Jesús viniendo con los regalos (mientras obviamente otros adultos hacían su trabajo)… y aunque me enteré a mis 5 años sobre todo el tema, igual yo seguía con la ilusión de ver el cielo y pensar que todo si era cierto… Yo en realidad seguía el juego por mis primitos más pequeños y también por mí misma, no lo puedo negar.

Ese año que me enteré (por una vecinita) recuerdo que viví una navidad algo “gris” porque mis papás decidieron que nos quedaríamos en casa los 4 solitos… supongo que ellos pensarían que ya no había ilusión para mí, pero mentira… en realidad, aunque yo recién me enteraba de “la verdad” detrás de los regalos, no quería que las cosas fuesen diferentes de ahí en adelante.

Las cosas no cambiaron con los años. Ese mismo sentimiento lo mantengo hasta ahorita. Creo que la navidad va muy ligada a la fe, a la esencia de lo que significa y claro que para todos no necesariamente significa lo mismo, pero para mi todo si existe porque la alegría, las memorias, la emoción, los momentos siguen generando en mí el mismo amor e ilusión de cuando era niña… y eso es verdad… nada es mentira porque lo siento y es verdaderamente real en mi corazón.

Bajo esta premisa, cuando fue el momento de contarle a las niñas que nosotros éramos quienes comprábamos los regalos, les compartí este mismo sentimiento. Les dije que en la infancia estamos llenos de ilusión y que por tradición los padres repletabamos de magia ese momento para otorgar felicidad a los hijos, pero que en realidad la navidad se trataba de conmemorar el nacimiento del niño Jesús (creencia totalmente cristiana) y la generosidad y alegría tal como lo hizo San Nicolas en su gesto de repartir sus bienes por allá en los años 300 dC…. De cuyo ejemplo nació la tradición del señor de barba blanca.

Ese mismo año hablamos del ratón Pérez y les pedí que aunque supieran “la verdad” sobre la tradición en torno a los regalos, nada cambiaría en nuestras costumbres y que con picardía y en equipo nos encargaríamos de ello. 

También les pedimos que por nada podrían decir a otros niños pequeños sobre esta proeza de los padres con sus hijos. En ese momento, en realidad, también compartimos que la misma divinidad proveía a papá y mamá con trabajo y con esa ayuda podíamos comprar los regalos … en realidad pensar que si era “verdad” o “mentira” era una decisión muy personal que ellas debían tomar a cómo se querían sentir y que mamá decidió desde niña seguir creyendo en todo.

Hasta el día de hoy… mis chiquitas con 17 y 14 años siguen escribiendo cartas cada navidad; en realidad, seguimos juntos escribiendo las cartas… Es un momento para compartir en familia: agradecemos, escribimos cómo nos sentimos y qué queremos para la navidad y el año siguiente. ¿Sabes que es magia? Poder ver las cartas cada año y observar cuánto han crecido… percibir el sentimiento de todos en cada año y la evolución en nuestras vidas. Sus cartas comenzaron siendo garabatos, luego palabras aisladas, después algunos recortes de catálogos de juguetes y poco a poco llegaron a ser oración pura de acción de gracias y peticiones en torno a regalos espirituales y materiales.

Entonces la gente se pregunta…
¿Cuándo decir la verdad?
¿Es malo mentir a los niños?

Yo simplemente pienso que cada papá/mamá siente lo que es mejor para sus hijos. Creo en la crianza respetuosa porque la difundo y la practico en mi propia vida, pero si volviera a tener un bebé volvería a sembrar la ilusión de los regalos que trae el niño Jesús y Santa.

El respeto hacia la infancia va más allá de “no mentir en época de navidad”… está en conocer a los hijos, comunicarse hacia ellos con amor, decodificar la información, sanarnos nosotros, tener en cuenta sus necesidades y las nuestras, conocer nuestra historia y tratar de vivir en evolución y consciencia cada día… nuestra propia existencia y la mirada hacia ellos.

¿Qué hacer entonces?
Cada uno lo decide. Cero juicio.

Por aquí nosotros seguiremos escribiendo cartas… esperando con ilusión los regalos físicos y espirituales de la vida, abriendo los presentes cada 25 en la mañana y sembrando memorias de amor en el corazón.

Espero que cuando decidas contar la “verdad” tengas en cuenta lo que te hubiese gustado escuchar a ti cuando eras niño(a) y consideres que muy en el fondo del alma siempre tenemos la ilusión de creer en algo más grande que nosotros mismos.

Te mando un abrazo pre Navideño.
Felices fiestas ❤️
Luiza

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